BERNARDO MONTEAGUDO

BERNARDO MONTEAGUDO
Perseguido por la calumnia y asesinado en Lima, la historia oficial acusó a Monteagudo de crímenes y perversiones. Lo llamaron “vicioso”, “jacobino histérico”, “carnicero”, “mulato”, “zambo”, “terrorista”, “asesino”, “réprobo”, “discípulo del Diablo”. ¿Por qué tanta saña contra uno de los ideólogos más brillantes de Sudamérica: promotor de la liberación de esclavos e indígenas, fundador de media docena de periódicos, impulsor de la Revolución de Chuquisaca, brazo derecho de Castelli, cerebro de la Asamblea del Año XIII, asistente de O´Higgins, amigo y asesor de San Martín, estadista del Perú independiente, protegido de Bolívar? Porque Monteagudo tuvo una idea grandiosa, a la que dio su vida: la unión sudamericana. “Un hombre grande y terrible –escribió un historiador- concibió la colosal tentativa de la alianza entre las Repúblicas recién nacidas, y era el único capaz de encaminarla a su arduo fin. Monteagudo fue ese hombre.” En esta emocionante y documentada biografía, que sigue al patriota tucumano en su periplo libertador por toda América, Garin sostiene que la dicotomía de fondo en las naciones recién independizadas no fue entre monarquistas y republicanos, o entre unitarios y federales, sino entre continentalistas y localistas. Las oligarquías, ansiosas de mandar en sus terruños como en posesiones privadas, se asociaron con los nuevos imperialismos para “descuartizar” América en repúblicas fragmentarias, más fáciles de dominar. Monteagudo y su recuerdo debían perecer.

viernes, 5 de agosto de 2011

REPORTAJE SOBRE MONTEAGUDO Y LA UNION SUDAMERICANA

“Es hora de que volvamos a plantear la idea de una patria continental”



Reportaje hecho por María Evelina Ramírez, Periodista, para "HUELLAS DE LA HISTORIA", de Cordoba, Argentina.



Este mes se cumple un nuevo aniversario de la declaración de la independencia de nuestro país. En este marco, resulta interesante rescatar del olvido una figura que a lo largo de la historia ha sido denostada y calumniada: Bernardo de Monteagudo, quien junto a Bolívar San Martín, Belgrano, y O’Higgins (entre otros), luchó por conseguir la unidad sudamericana. Se trata de uno de los ideólogos más brillantes de Sudamérica: promotor de la liberación de esclavos e indígenas, fundador de media docena de periódicos, impulsor de la Revolución de Chuquisaca, brazo derecho de Castelli, cerebro de la Asamblea del Año XIII, asistente de O´Higgins, amigo y asesor de San Martín, estadista del Perú independiente, protegido de Bolívar.

Para recuperar su legado, Huellas de la Historia dialogó con el escritor, historiador y abogado de derechos humanos Javier Garín, quien es autor del libro “El discípulo del diablo. Vida de Monteagudo, el ideólogo de la Unión Sudamericana”, obra que meses atrás fue presentada en Villa Carlos Paz.
¿Dónde surge la idea del hacer un libro sobre la vida de Monteagudo?

La idea era tratar de reivindicar una figura que durante mucho tiempo fue ocultada por distintos motivos, pero fundamentalmente, creo yo, por sus ideas americanistas. Monteagudo fue el hombre que le entregó a Bolívar el plan para hacer la Confederación de los Pueblos de América del Sur. En su plan también incluía a los pueblos de Centro América y México. Él tuvo una concepción grandiosa que era organizar los Estados Unidos de América del Sur. Esta idea la tenía desde muy joven. La recibió de Castelli cuando fue su secretario durante la primera campaña al Alto Perú. Luego, en 1813, desde la Sociedad Patriótica prepara para la Asamblea del año XIII una constitución para los Estados Unidos de América del Sur. Monteagudo siempre tuvo este pensamiento y se lo transmitió a los grandes hombres con los que estuvo trabajando. Él estuvo no sólo al lado de Castelli sino que también trabajó junto a San Martín, O’Higgins y finalmente junto a Bolívar. Hay un historiador chileno, Benjamín Vicuña Mackena que dice que esta gran idea no se pudo hacer realidad porque el hombre que la podía llevar a su fin, que era Monteagudo, falleció. A los 35 murió asesinado por un sicario en las calles de Lima. Estoy convencido que no ha sido ajena a esa muerte la resistencia que había en las oligarquías de los distintos países que formaban América del Sur a esta idea de integrar una unidad continental. Todos los que defendieron esa concepción continentalista fueron perseguidos, algunos murieron en el exilio, otros fueron asesinados. En las naciones recién independizadas hubo una fuerte resistencia a la idea de unión continental y esto tenía que ver con, por un lado, el deseo de las oligarquías locales de crear un dominio particular en los territorios que ellos controlaban y, por el otro, la acción de un nuevo imperialismo que apareció en escena pretendiendo quedarse con los antiguos territorios españoles, que era el imperialismo inglés, que tuvo un papel determinante en la fragmentación de América del Sur. La política inglesa se observó en todo ese proceso, metiéndose para desmembrar lo que era el antiguo Virreinato del Río de la Plata, metiéndose para impedir que se cristalizara el proyecto del Congreso de Panamá que impulsaron Monteagudo y Bolívar, y siempre metiendo su diplomacia, sus agentes, sus espías, sus armas y su dinero para lograr que América Latina no se pudiera unificar... Y así estamos 200 años después. Esta política que iniciaron los ingleses la continuó después Estados Unidos, permanentemente influyendo en la política de nuestros países para que se mantengan divididos, muchas veces apoyando dictaduras militares como ha sido la trágica historia de nuestro continente. Creo que hoy tenemos una posibilidad histórica de empezar a materializar el gran sueño de Monteagudo de una América del Sur unida a través de la UNASUR que recién comienza. Qué distinta hubiera sido nuestra historia si esta gran idea de Monteagudo se hubiera concretado ya en aquella época, en 1826 cuando se podría haber empezado a plasmar la Confederación Sudamericana. Seguramente América del Sur habría sido una de las grandes potencias mundiales. En vez de eso, hemos vivido sometidos con estos colonialismos y saqueos, como lo ha sido la deuda externa, el robo de nuestros recursos y seguimos así lamentablemente.Creo que hay una oportunidad histórica de salir adelante. Un actor político que hay que tener muy presente es la juventud. De alguna manera este libro también esta dedicado a los jóvenes. En los últimos tiempos ha aparecido un movimiento importante e interesante en Argentina compuesto por muchos jóvenes que están participando, buscando un compromiso político; y esto hay que fomentarlo porque es una de las patas en las que se puede basar una política de unificación de América del Sur. Las nuevas generaciones se están comprometiendo. Monteagudo es una figura de un hombre joven que realizó grandes cosas en base a su talento y compromiso. A los 20 años ya estuvo al frente de una revolución en Chuquisaca. Los argentinos tenemos el orgullo de contar con un hombre que nació en Tucumán, pero tuvo toda su acción política en América del Sur. Él decía: “Yo quiero servir a mi patria que es toda la extensión de América”. Esta idea de una patria continental es hora de que volvamos a plantearla.
¿De dónde se pueden rastrear las raíces ideológicas del pensamiento de Bernardo de Monteagudo?

En realidad lo que él pensaba no era de su exclusividad, pero fue quien le dio mayor sistematización a esta idea. Ya Castelli en 1811, a orillas del lago Titicaca proclama la emancipación de los aborígenes y en esa misma época deja un documento en el que deja por escrito su intención de seguir avanzando para llevar la revolución a Lima, que era el centro del poder español. El decía que si nosotros llegamos a echar a los españoles de Lima, vamos a extender la revolución por toda América. Este pensamiento de Castelli lo compartía también Manuel Belgrano, que era su primo y que es el verdadero padre de la patria Argentina. Esta es una de las cosas que la revisión histórica tendría que poner e su lugar.

Otro elemento a tener en cuenta en su formación ideológica es el documento escrito por Mariano Moreno, que se llamó “Las miras del Congreso” en donde analiza la idea, por primera vez en 1810, de hacer una Confederación Continental. Pero Moreno la descarta diciendo que las grandes distancias y la dificultad de las comunicaciones lo iban a hacer imposible. Este artículo fue leído por Monteagudo y fue retomado cuando elabora el plan para Bolívar y, sin nombrar a Moreno, analiza las mismas ideas y dice que esas dificultades ya fueron superadas porque el continente se había logrado unificar a través de la lucha revolucionaria.

Hay otro antecedente importante que Monteagudo también lo tiene en cuenta que es un artículo que escribió un gran patriota intelectual centro americano que fue José Cecilio Valle, que había propuesto ya en 1822 que había que hacer una Confederación Continental.

Monteagudo toma todos estos elementos y los convierte en un proyecto en el cual plantea una alianza militar defensiva de las naciones recién independizadas, y un Congreso donde los diputados prevengan las guerras entre países sudamericanos y los disturbios internos que pudieran ocasionar la caída de los gobiernos. Una de las cosas que más odiaba Monteagudo eran los conflictos entre pueblos hermanos. Esta idea la retoma muchos años después Juan Bautista Alberdi cuando escribe un libro muy interesante que es “El crimen de la guerra”, donde decía: “¿Cómo puede ser que en América del Sur entren en guerra naciones que tiene el mismo idioma, la misma religión, las mismas tradiciones culturales, los mismos intereses?”. El pensaba que las guerras en América del Sur eran injustificables, y lo decía por guerra del Paraguay, a la cual se oponía.

Pero esas guerras que hemos tenido también son efectos de los imperialismos. La guerra del Paraguay fue fomentada y fogoneada por Inglaterra. La guerra del Chaco entre Bolivia y Paraguay fue avivada por las petroleras. Tenemos que entender que nosotros nos tenemos que unificar y no dejar que vengan más de afuera a dividirnos y a someternos. Monteagudo decía que la dominación empezaba por la cabeza. La gran victoria del colonialismo es hacer que nos veamos a nosotros mismos con las ideas del opresor. De alguna manera anticipaba a Arturo Jauretche en algunos de sus conceptos. Monteagudo proponía librar una batalla cultural contra los principios coloniales. Realmente era un adelantado a su tiempo.
En 1810, esta idea de unidad sudamericana ¿era compartida por el pueblo, por el común de la población?

Existía un espíritu de fraternidad, aunque quizás no había una claridad estratégica de cómo llevar adelante la idea de unidad sudamericana. Esta historia de que los chilenos le tienen bronca a los argentinos, los argentinos a los uruguayos, no existía sino que fue instaurado después. Cuando se habla de la constitución de las naciones independientes americanas se habla de un logro de San Martín, Bolívar, Monteagudo, Belgrano y Artigas; pero en verdad fue un fracaso porque ellos aspiraban a conseguir la unión continental. La conformación de repúblicas fragmentarias fue el fracaso de ese proyecto. Esto puede sonar chocante, pero si analizamos el acto de creación de la bandera de Belgrano, él lo hizo pensando en la insignia que identificaría al movimiento revolucionario de América del Sur. Después quedó limitada a un territorio que estaba muy lejos del plan original que era hacer una sola patria. Eso es parte de lo que hay que revisar en la historia.

Hay sectores que se oponían a esa idea continental. Dentro de la Asamblea del año XIII se presentaron dos proyectos de Constitución, el que presentó Monteagudo era para América del Sur, el proyecto oficial era para las Provincias Unidas del Río de la Plata y ahí ya se ve la diferencia en los proyectos políticos. Lo mismo pasó en el Congreso de Tucumán; allí se hizo la declaración de independencia de América del Sur, después se convierte en la declaración de la independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Siempre hubo esa puja entre lo continental y lo local.

En el libro digo que había varias fuerzas actuando en la guerra de la independencia: una eran las fuerzas del colonialismo, encabezadas por los españoles pero había también un partido americano colonialista. Algo que no se enseña en las escuelas es que los ejércitos colonialistas estaban formados por americanos, no eran españoles, ellos estaban en guerra con Napoleón. Los que peleaban para mantener el dominio colonial, los ejércitos realistas eran integrados por americanos. Hasta los generales eran americanos. Peleaban para España en contra de su propio continente. Detrás de esos ejércitos estaban los monopolistas, los ricos, los que se habían beneficiado con el sistema colonial. Enfrente estaban los que peleaban por la independencia continental, que generalmente se encontraban agrupados en la Logia Lautaro o en organizaciones similares. Después estaban las fuerzas locales, que a veces se expresaban como fuerzas provinciales, caudillismos locales o como fuerzas de oligarquías nacionales. Por ejemplo: en Buenos Aires estaba la oligarquía porteña, con sus estancieros y comerciantes que querían un proyecto nacional donde ellos gobernaran. En Chile pasaba lo mismo, pero a su vez tenían problemas con los localismo provinciales. Todo eso generaba un caos que, en medio de una guerra revolucionaria, generada dos frentes. Monteagudo decía: “Nosotros libramos dos guerras: peleamos contra los españoles y contra los sectores internos que nos boicotean”. San Martín se queda sin padrinazgo político y sin recursos económicos cuando cae el gobierno de la Logia en Buenos Aires y terminado haciendo su campaña financiado por Chile, no por Argentina. Por más que en los manuales nos enseñen otra cosa, quien sostuvo la campaña de liberación del Perú fue O’Higginis, a quien esta ayuda le costó un enfrentamiento con la oligarquía chilena y terminó expulsado del gobierno, teniendo que exiliarse en el Perú. Todos los que defendieron las ideas continentales fueron perseguidos y terminaron políticamente destruidos y eliminados. Triunfó la división y la visión localista.

Creo que esto hay que revisarlo en la historia porque después se construyen los mitos nacionales. Aparecen los historiadores oficiales que generan el mito de cada uno de los países con sus héroes y van recortando la historia. Por ejemplo: algo sobre lo que no hay un conocimiento suficiente es que uno de los pretextos utilizados para la derrocar a Cisneros en la Revolución de Mayo fue la represión que Cisneros consintió que se hiciera de la Revolución de Chuquisaca. Eso fue utilizado por los patriotas para denigrarlo a Cisneros, pero nuestros historiadores no mencionan este hecho porque cómo puede ser que nuestra revolución sea consecuencia de un levantamiento que se produjo en otro lado. Eso parece que perjudica al mito nacional y por eso no se dice. Pero la verdad es que la primera revolución fue la de Chuquisaca y la nuestra fue una continuación. Los actores que participaron en una y otra estaban vinculados, formaban logias secretas y actuaban en forma coordinada.
¿Por qué la historia oficial dejó de lado la figura de Monteagudo?

Fue dejada de lado porque representaba estos ideales continentales y los que escribieron la historia fueron los historiadores creadores de los mitos nacionales. Dentro del proceso de creación de los Estados nacionales, está la construcción de los mitos por los cuales esos Estados se legitiman. Por lo tanto un personaje que decía que no era ni argentino, ni peruano, ni chileno, ni altoperuano sino que era americano, no encaja en ningún lado. En todos los países donde él tuvo actuación, se lo ha denigrado. Él fue el autor del acta de declaración de la independencia de Chile, y en Chile lo niegan. Lo mismo ha ocurrido en Perú, donde fue el primer gobernante. San Martín era el protector del Perú, pero el que gobernaba era Monteagudo que tenía a su cargo dos ministerios, el de guerra y el de gobierno. Desde esos dos ministerios hizo la revolución, transformó el orden económico y social de Lima en pocos meses. Creó los primeros establecimientos educativos. Fue el padre de la educación en Perú y lo único que lo recuerda es una placa en la biblioteca nacional de Lima. Los historiadores peruanos se han especializado en denigrar a Monteagudo. Y en Argentina pasó lo mismo. Mitre, en su Historia de San Martín, cada cosa que no le gusta del prócer o que no encaja en el mito nacional, le echa la culpa a Monteagudo. Por ejemplo: es un hecho histórico establecido que San Martín tenía ideas monárquicas y Mitre le atribuye esto a la funesta influencia de Monteagudo. En Chile, se produjeron varias ejecuciones de personajes que decretó la Logia Lautaro. Por ejemplo los hermanos Carreras fueron ejecutados por orden de O’Higginis, pero los historiadores chilenos no pueden aceptar que el padre de su patria ordene asesinatos y le echan la culpa de esto a Monteagudo.Lo otro que ha influido en la denigración de Monteagudo es que no tuvo un partido posterior que lo reivindicara. Por ejemplo: Castelli siempre fue reivindicado por sectores liberales o de izquierda; Belgrano y San Martín por todos los partidos; otros fueron reivindicados por la tradición católica. Pero Monteagudo no era nacionalista sino continentalista; no era liberal sino jacobino; no era católico sino anticlerical, combatía la influencia de la iglesia. Ha tenido algunos reivindicadores posteriores, como Ricardo Rojas o Mariano De Vedia; pero creo que llegó el momento de reivindicarlo desde otra perspectiva, que es la del proyecto continental.
¿De donde viene el mote de “discípulo del diablo”?

A lo largo de su vida, a Monteagudo le han dicho de todo. Fue discriminado por su origen, porque le decían que era mulato o mestizo, que su madre se había acostado con un indio, que su padre era cura y se acostó con una negra. Lo mismo le ocurrió a San Martín, que era acusado de ser descendiente de indios y no tener sangre española pura. Uno de los enemigos políticos de Monteagudo era Saavedra y él decía que el alma de Monteagudo era “más negra que la madre que lo parió”. Pueyrredón era otro con los cuales se enfrentó, quien se mofaba también de su origen. Hay una carta extraordinaria que Monteagudo le escribió a Pueyrredón donde le para el carro. Él era apenas un pibe y Pueyrredón era un personaje de mucho rango y poder.

Monteagudo logró hacerle frente a todas esas injurias, pero siempre lo estuvieron acusando. Desde los sectores más católicos lo acusaban de irreligioso. Tenemos que tener presente que si bien Monteagudo no era religioso, no estaba en contra de la religión, sino que lo que sucedía era que la iglesia católica estaba en contra de la independencia y defendía los derechos del monarca. Había curas que se pronunciaron por la causa patriota, pero lo hacían en contra de la posición asumida por el papado, el cual reivindicaba los derechos del rey. Incluso hubo un obispo cordobés, Orellana, a quien la Primera Junta condenó a muerte por estar en la conspiración con Liniers, y luego lo indultan por su condición de sacerdote. Años después, para querer ubicarse, este obispo que era realista le dice al gobierno del Triunvirato que él se ponía al servicio del gobierno patriota porque “nuestra santa religión no sólo se lleva bien con cualquier gobierno sino que lo consolida y perfecciona”. Este era el problema que había con el clero. El obispo de Salta era contrarrevolucionario al igual que el obispo de Caracas y el arzobispo del Alto Perú. Había un enfrentamiento con los dignatarios de la iglesia, y quienes se enfrentaban a ellos era llamados “réprobos”, “Satanás”, “herejes”, “musulmán”. Castelli, que era el maestro de Monteagudo, lo llamaban “musulmán” o “judío” porque tenía un segundo apellido que era Salomón. El titulo del libro es un poco irónico por esa mala fama que se fue haciendo en torno a su persona.

Otro de los elementos con los que lo atacaban era su vida privada. El decía: “De mi vida privada no tengo porqué rendir cuentas. Desde que se acabó la inquisición, la vida privada de los hombres le pertenece a cada uno. Pero mis enemigos se han ocupado de meterse en mi vida”. Y efectivamente le hacían todo tipo de cargos. Lo acusaban de llevar adelante orgías, de ser un degenerado, de ser homosexual. En Lima circulaban toda clase de rumores, decían que se acostaba con mulatas, con negras, que era un horror para la sociedad limeña. Incluso hay un escritor argentino, José María ramos Mejía, un antirrosista, racista que era psiquiatra y que desde una posición pseudocientífica escribió un libro que se llama La neurosis de nuestros hombres célebres, donde hace un retrato de Monteagudo pintándolo como un pervertido, con una denigración increíble que no tiene fundamento documentable. Todo esta basado en los chismes y las cosas que se decían en esa época.

El título del libro apunta a esa ironía. Ellos eran cuestionadores del orden establecido. Monteagudo representó un cambio de época, donde las costumbres coloniales estaban en crisis. Por eso la juventud lo tenía como un ídolo y cuando llegó a Buenos Aires lo seguían a todos los lados. Él había estado condenado a muerte, tenía mucho éxito con las mujeres; se había convertido en una suerte de ídolo de los jóvenes porteños.
¿Cuáles son los principales aspectos de la vida de Monteagudo que destaca y que quisiera que la gente conozca?

Principalmente su idea americanista, porque fue un hombre muy claro en esto. Otro fue su capacidad intelectual. Ricardo Rojas lo considera el mejor escritor político de Mayo; fue un hombre con una gran capacidad de comunicación. De hecho, por todos los lugares donde estuvo fundó periódicos, alrededor de media docena, así como fundó la Sociedad Patriótica en distintos lugares para generar la divulgación de las ideas de la Ilustración. Otro aspecto destacable es que hizo mucho hincapié en el tema de la educación. El decía: “Casi no hay crimen que no se origine en la ignorancia”. Monteagudo creía que el sistema político del nuevo mundo de Sudamérica no se iba a consolidar si no se lograba educar a la gente y romper con toda la ignorancia que venía de la colonia. En ese sentido, creo que fue un gran precursor.Rescato también su vocación revolucionaria; fue un tipo que vivió siempre en peligro, peleando en cada uno de los escenarios donde se iba librando esta gran batalla por la libertad de América del Sur. La juventud es otro de los elementos a revalorizar; fue un tipo que murió muy joven e hizo un montón. Realmente es un ejemplo que puede servir de estímulo para que los jóvenes vean que cuando tienen compromiso y condiciones pueden lograr lo que se proponen. Las nuevas generaciones pueden tomar como ejemplo a un hombre que nació de una cuna muy humilde y llegó a codearse con los hombres más importantes de la revolución sudamericana.

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